Martes, 29 Julio, 2014 - 10:29

Como viene siendo habitual desde el año 2000 y en honor a Santa Marina que es el 18 de julio, el 19 de julio de 2014, sábado más próximo a dicha festividad, hemos realizado la ascensión al pico que da nombre al Club de Montaña de Boltaña junto a nuestros amigos del CAS de Ainsa.

Como la descripción del recorrido es más que conocida por todos voy a transcribir algunas tradiciones que se cuentan sobre Santa Marina:

*La tradición cuenta que Santa Marina se apareció en el monte Nabaín a una pastorcilla a la que informó de que encontrarían su imagen en una cueva próxima, y que deberían hacerle una ermita.
Tras varios días de búsqueda infructuosa, el aviso de unas extrañas luces en la sierra de Nabaín los alertó de la presencia de una cueva en la que encontraron un altar y tres nichos. En uno de ellos se hallaba la imagen de la santa.
Los vecinos comenzaron a erigir la ermita en el cercano prado de Labayo y por tres veces consecutivas desaparecieron los materiales, que fueron encontrados en la cumbre del monte. De este modo, comprendieron que la voluntad divina era que la ermita fuera edificada en lo alto del monte.

*Desde este enclave se divisan las ermitas de Santa Quiteria de Guaso y Santa Orosia de Yebra de Basa, formando un curioso triángulo.
Los testimonios locales de tradición oral dicen que las tres santas eran hermanas que buscaron recónditos lugares para apartarse del mundo, pero querían, al menos, poderse ver.
Este relato no coincide con lo que la Iglesia afirma en sus hagiografías oficiales. 
* Testimonios locales aseguran que Santa Marina "era abogada del aire y la gente cuando quería aventar decía: Santa Marina, mándanos una voladeta de aire".

*Al parecer, en el pasado llegaron a realizarse cuatro romerías anuales a Santa Marina.
En el último siglo se recoge la celebración de la romería del 18 de julio. Asistían los vecinos de Ascaso, Morillo de Sampietro, Buerba, Yeba, Gallisué, Tricas, Albella, Lacort, Jánovas y Campol, entre otros.
Algunos de ellos, tenían un día de camino hasta llegar a la ermita. Una vez todos reunidos, se celebraba la misa, se hacía la bendición de términos y se repartía la caridad (de la que cada año se encargaba un pueblo diferente). Las tortas sobrantes se rifaban y con el dinero obtenido se contribuía a los gastos de mantenimiento de la ermita.

Texto de: José Ramón Monclús en www.clubcas.com 

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