FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO REGIONAL

Cuenta la leyenda que en el año 724, mientras musulmanes y cristianos estaban disputando la batalla de la reconquista de Ainsa, apareció misteriosamente una cruz luminosa sobre una carrasca (encina) que fue la que animó a las tropas cristianas a reconquistar la ciudad. Existe documentación que constata que, ya en el siglo XVII, la Corona subvencionaba la representación de esta leyenda, que se desarrollaba en dos jornadas: una junto a la Cruz Cubierta y otra en la Plaza Mayor. Hoy en día se realiza los años pares, en la Plaza Mayor, el primer domingo de septiembre, y se  conoce con el nombre de “La Morisma”. Los actores son vecinos del pueblo y la comarca, y en las últimas ediciones han superado los trescientos participantes.

El Espectáculo

La Morisma, tal como se conoce y representa hoy día, puede considerarse como un espectáculo popular dramatizado que conmemora un acontecimiento muy antiguo, legendario o histórico ocurrido en la Villa de Aínsa. 

Se trata, pues, de un espectáculo, ya que se desarrolla en un espacio amplio y arquitectónicamente hermoso como es la Plaza Mayor. Hay público que lo contempla y en él ocurren hechos sorprendentes.

Participa el pueblo de Aínsa masivamente y de acuerdo con una acción programada en un texto escrito (recitado) de antigua tradición popular. Ese texto contiene una progresión dramática nacida de la confrontación dialéctica de dos partes enfrentadas: Los Moros y los Cristianos. Conmemora la batalla ocurrida en las inmediaciones de la Villa en el siglo VIII entre el rey Garci Ximeno y Los Moros de Aínsa con el desenlace favorable para el cristiano gracias a la  milagrosa aparición de la cruz ardiente sobre una carrasca.

Antecedentes históricos

Poco sabemos de los antecedentes de Aínsa y de su historia en los años que germinaban las luchas para reconquistar el territorio ocupado por el Islam. Ciertamente la frontera superior de Al Andalus llegaba hasta estos primeros peldaños del murallón pirenaico. La bandera de la Cruz y la fe cristiana eran la enseña y la fuerza que guiaban la necesidad de reconquista y la ocupación de tierras invadidas por otra organización social y otras creencias. La lucha contra los moros fue en todo el territorio aragonés similar a la sostenida en otros puntos del norte de la Península y el origen del nacimiento de historias, leyendas, canciones y conmemoraciones que, reales o no, eran transmitidas por tradición oral

Aínsa

Hubo muchos altibajos en la consolidación de las tierras conquistadas

Los reinos y ciudades sufrieron las convulsiones propias de los intereses políticos, económicos y demográficos. Los puntos de asentamiento urbano buscaban la protección de los castillos y fortalezas creadas para impedir el retorno de los moros a sus antiguas posesiones. Los lugares estratégicos para la guerra eran más seguros que las tierras bajas, más difíciles de defender. Aínsa, en el Sobrarbe, reunía condiciones inmejorables para ser a la vez una plaza fuerte y un lugar adecuado para aglutinar y controlar administrativamente todo este territorio. La estructura de la Villa, típicamente defensiva y su emplazamiento en la confluencia de los ríos Cinca y Ara, consolido una población laboriosa de agricultores, ganaderos y artesanos, cuya actividad comercial y los privilegios concedidos por la realeza definieron su condición de Villa y su arquitectura de burgo con todas sus consecuencias.

En 1124, Alfonso I de Aragón concede privilegio de población para la Villa de Aínsa. Más tarde tendría los mismos privilegios que Jaca. Jaime I, Alfonso IV y Pedro IV concedieron franquicias y ferias. En Aínsa estaba el Sobrejuntero del Sobrarbe, una especie de Justicia para perseguir malhechores que sin duda proliferaban por estas tierras en el siglo XIV.

No es extraño que en estos primeros años del afianzamiento de Aínsa como villa importante se realizaran conmemoraciones para ilustrar las hazañas de los habitantes del Sobrarbe este lejano periodo de formación. No es extraño que hubiera representaciones religiosas con textos y dramatizaciones en determinadas fechas festivas.

Los Dances

El caso de La Morisma no es el único y el mismo tema de la batalla entre moros y cristianos resuelta con la intervención milagrosa lo encontraremos en todo el reino de Aragón y su zona de influencia a raíz de la Reconquista, pero en la mayor parte de los casos, esta batalla se representa por medio de un baile denominado “Dance” y quienes lo representan son los danzantes. Seria largo enumerar los lugares donde existen estos dances que forman parte de la más pura esencia del folclore aragonés. En su estructura podemos encontrar huella de antiguas culturas, creencias precristianas e incluso elementos reivindicativos que reflejan las inquietudes de las gentes en aquella sociedad medieval. El eje ideológico de los dances como La Morisma esta en el antagonismo entre el bien y el mal, encarnado por los cristianos y los moros respectivamente y que en algunos casos como Robres, Sariñena, Pallaruelo de Monegros, etc., estos principios del bien y del mal son, además, representados por el diablo y el ángel custodio, como recoge en sus notas sobre el folclore aragonés D. Ricardo del Arco.

La Morisma de Aínsa

El argumento de La Morisma  es, en resumen, el siguiente:

Un pastor viene a anunciar a los cristianos de Aínsa que Garcí Ximeno se aproxima desde Jaca con su ejército para librar al pueblo del yugo sarraceno. En efecto Garcí Ximeno llega a los Muros de Aínsa y desafía al Rey Moro a la batalla. A punto de comenzar esta, una cruz de fuego se aparece sobre una carrasca estando los cristianos en oración. Enardecidos por esta señal, se traba la batalla, el ejercito moro es derrotado y su rey muerto. La Villa pasa a poder del rey cristiano y la población mora, recibe el bautismo.

Este es el eje argumental de La Morisma. Dentro del desarrollo de la misma y por aportaciones populares unas veces o cultas otras, encontramos personajes diversos que nos indican como a los más antiguos restos medievales se han ido incorporando nuevos elementos cuya relación con otras manifestaciones folclóricas del tipo descrito anteriormente es evidente.

Los Personajes

 - El Diablo

Es la encarnación del principio del mal a pesar de que en el caso de La  Morisma y a diferencia con otros dances es un personaje que actúa por libre, de un modo aislado formando dúo dramático con otro personaje seguramente de incorporación muy posterior que es el Pecado. Tienen diversas interpretaciones.

 - Los Dichos

Son intervenciones populares –a veces improvisadas- en la que tanto los moros como los cristianos ofrecen, piden, exigen o insinúan en tono jocoso a sus respectivos reyes y de uno en uno, argumentos diversos relativos a su condición, aspiraciones, etc. Es un elemento folclórico que se encuentra también en otras manifestaciones como las pastoradas (la Mogiganga de Graus, .., etc.)

En la mayor parte de los dances tradicionales existen dos personajes importantes: El Mayoral y el Repatán. En al caso de La Morisma estos personajes están diluidos entre los dichos, el soldado gracioso y un extraño personaje cortesano llamado EL GALÁN que de una forma muy culta hace un panegírico de los valores tradicionales como si se tratara de una declaración de principios. Puede tratarse de una evolución culta del tradicional personaje de los dances “El Mayoral”

Los reyes, las reinas, los embajadores y el sacristán son otros personajes que reflejan las dignidades de sus cometidos y condición constituyendo el eje vertebrador de La Morisma.

El Texto

El texto de La Morisma que sirve para la representación actual no es antiguo. Fue escrito por D. Luis Mur Ventura en los años treinta, recogiendo la antigua tradición oral y redactando un texto en forma de romance, dramatizándolo con diálogos impregnados de consignas y conclusiones derivadas de la propia ideología redentorista que existe en este peculiar “dance” de Aínsa.

En la nueva incorporación del personaje “La Muerte” debemos el texto al escritor oscense Julio Alejandro, colaborador, amigo y guionista de Luis Buñuel, quien a pesar de su avanzada edad se entrego con entusiasmo juvenil peculiar en quien posee una gran talla intelectual y un gran amor por su tierra.

Indudablemente, La Morisma tal como se representa hoy día difiere de la antigua, tras un largo periodo de cuarenta años sin representarla se retomo en los años setenta, dirigida por la “cantautora” Pilar Garzón, gracias al esfuerzo de un grupo de jóvenes que supo contagiar su entusiasmo a todo el pueblo.

En todo caso, más que el espectáculo popular de La Morisma en sí, debemos sacar conclusiones que orienten nuestro futuro al hecho casi milagroso de haber sabido conservar este tesoro que nuestros antepasados concibieron como manifestación de su personalidad y que construyeron trabajando en común.